lunes, 30 de marzo de 2015

Siempreviva y Caronte


Para cuando mis labios líquidos hayan olvidado tu nombre, me dejaré descender al último rincón de mi tumba, mi saliva se hará río y también me llorarán los árboles de sándalo cuando mi lenta putrefacción ya no encuentre más lugar.

Para cuando te vayas, lenta y putrefacta, he de perseguirte siendo humo y fantasma, cuando ya de fantasma hayas cambiado la piel. Yo te veré caer y tras de ti subiré, ninfita rosa sin abedul. No te vayas, ya no extraño ni te extrañaré porque también estamos adentro de nosotros, de otra manera que no es la corriente, por que hicimos estos conjuros, por todas las caricias que te sembré y crecen fractales con respirar, porque vibra aun mi cuerpo desde ti, porque te he visto en lo más oscuro y de ahí te he traido siempre a esta luz.

Como somos aromas y pieles, todo nos atravesará, a esta vida vinimos a morir atravezados, y como morir es un arte que merece repetirse, así se hará hasta que aprendamos a morir lo suficiente, siempre volveremos. Morir es el Amor, amar es morir y merece repetirse, por eso te veré caer, por eso te traigo desde ahí.

Yo bajaré a ese rincón, bajaré de agua o polvo y así, tanto más liviano e inasible olvidaré todo y volveré a caminar otros laberintos o los mismos, me da igual. Ya sabes, morir es un privilegio que solo le llega a los vivos y en el fondo, después de todo, a veces me siento vivo, otras no.

Hazme el amor en un recuerdo mejor que este. Paz en nuestra tumba,






miércoles, 10 de diciembre de 2014

Un remedio casero.

 Esta es una preocupación legítima por el destino del hombre.

 Aquel alacrán de vientre hinchado que hoy yace boca arriba
 Ha caído por culpa de los mitos,
han dicho que así va a sanar un dolor que se quedó grabado en las manos del hombre
a corregir el curso de una sangre vieja
que ha confundido su camino entre los surcos de una piel cansada
partes de un cuerpo, que son en sí mismo el cuerpo
un camino perdido y un solo dolor.

Que vendrá para estas manos...
Para esta sangre confundida y doliente
Para mi vientre pulsante que vendrá.

 Cuál será el mito que me lleve.

 ¿Podré remediar algo después de la muerte?

 Es el invierno, he mirado al cielo y el frio me carcome.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Ultima Hora



Te tengo noticias, te odio.

Pero por odiarte no voy a quemar tu casa, solo me haré los días más amargos cuando llegues a molestar al amanecer, como los pájaros, o bien entrada la noche, como esa perra que tuve y que me despertaba de un brinco cuando corría sobre mi habitación porque escuchaba al vigilante acercarse soplando alcohol o aguapanela por entre ese horrendo pito barato. Yo la amaba a pesar de los sustos y el ruido, era dócil, le gustaba bañarse agazapada en los días soleados, me llevaba a rastras a casa cuando estaba ebrio y perdido, se llamaba Jezabel y un día alguien sin alma la envenenó. 

Te voy a odiar como en la noche que me llamaste, ebria, a pedir que te abriera mis cobijas para venir a mi encuentro y me negué, enloquecía por tenerte y me negué, porque sabía que al final te iba a odiar. Heme aquí, soy un profeta, soy el verbo y la carne de mis profecías, y la carne de esos gusanos insaciables que me dejó tu amor, que un día serán moscas y volverán a ti. 

Quisiera que un día aparezcas y me digas otras cosas, cosas diferentes. Que hagas algo. 

Hay un recuerdo tuyo que me pesa, de tantos que tengo ese me pesa porque finalmente en el se resume nuestra historia o esa historia que hice con los dos. Creo que fue una mañana soleada, bella, yo iba en el bus pensando en cualquier cosa, adorando el viento frio que siempre abunda por aquí, ignorando la peste del centro de la ciudad y por ahí entre la gente venías tu, como si vinieras a mi encuentro. Pero la vida ya nos había puesto en papeles bien distintos, ustedes hacían la historia y yo era un espectador, cambiando canales, condenado a solo ver una secuencia fugaz de la parte importante y seguir. Entonces, noté que no elegías tú el camino, sino que alguien más lo marcaba, delante de ti, flaco, como de mi altura, pensando en cualquier cosa, estaba él. 

Esa es la cámara lenta que siempre me ha gustado, ese placer jodido, que te arruina al instante. Yo te vi, ¡ibas con el cabello suelto! Para mi algo erótico, estando tan abierto como estaba, sabiendo que no acostumbras llevarlo así. Sabiendo que cuando me enamoré de ti completa, comencé por tu cuello, visto a media luz desde atrás y fue implacable, no pude parar nunca. Y por eso para mí, ese cabello que solo vi suelto algunas pocas veces, una vez mientras fumabas y pintabas, otras mientras hacíamos el amor. Te vi así. Me enamoré otra vez. Te perdí otra vez. Te vi pasar. El te llevaba a una parte que no se, sin duda no tan mágica, se notaba en su mirada -creo que tenía mirada- y su forma de caminar (me parece). En realidad él para mí fue una mancha gris, por todo lo que eras tú, así. 

Ese viento que movió tu cabello entro por la ventana sucia, acompañado de polución, chismes y ofertas, me acarició la cara, casi pude percibir tu aroma o lo imaginé entre el caos, viajó a mi pecho y se convirtió en un hoyo negro desde donde debí continuar abismado, hasta llegar a no sé donde, porque de esas banalidades ni siquiera me acuerdo. 

Siempre supe que estaba perdido, ahora sigo tan perdido como entonces… De repente mañana, me parte un rayo y me toca otra vida, en la que tenga que protagonizar esa historia importante que otros puedan admirar con esa rabia, que les marque la vida para que deseen fervorosamente la suficiente disciplina, persistencia y claridad para rechazar el mundo y entonces puedan iluminarse. Todo por esa pútrida envidia, por haber visto una mancha gris que se apoderaba del más maravilloso sol y le llevaba muy lejos, hasta nunca. Hasta la más perfecta incertidumbre, que entonces desorientaba a los átomos locos que sin más que hacer chocaban y hacían chispas y fuego y devoraban cualquier cosa, así en la nada. 

Ahora somos fantasmas. En la tarde, en la noche, en cualquier momento, cuando estoy en algún rincón tratando de rearmar mi esperanza o mi coraje, subo de nuevo a ese tonto bus, con destino a otra parte y espero que aparezcas, diciendo algo, haciendo algo raro, nuevo, cambiándome el futuro… no pasa. 

Te veo de lejos, tengo una rosa atorada en mi garganta, sonrío al verte porque quiere salir, no porque me agrades, porque quiere salir y me corta por dentro y todo me sabe a sangre, es una sonrisa de muerte, no te creas, es la verdadera esencia de mi amor, una desdichada flor que atormenta y enmudece a quien le permitió emerger desde su sórdida semilla, mientras le obliga a sonreír, sedienta, esperando que las lágrimas encuentren el curso hacia la boca y luego hasta sus raíces en ese oscuro bardo mal llamado corazón.

martes, 2 de septiembre de 2014

Hoy pasé por una calle cualquiera, no recuerdo si un día pasamos juntos por ahí pero yo si pasé, pasé hoy y te llevaba conmigo.

...y tengo esa métrica borrosa de Cabral, puedo decir hoy que no es nostalgia, es curiosidad. Una plegaria aullida para agotar la incertidumbre, poder ver, aunque sea de lejos, qué habría sido de mi, de todo esto. Lo siento porque he perdido mucho, de lo que llevaba mientras íbamos a cualquier parte, he perdido mucho, lo sé porque ya no lo tengo, te digo que lo perdí y aun perdiendo me siento más aplastado.

¿Exactamente qué?... pues, algo. Pero era algo bello, algo que me daba vida y brillo, ese par de cosas que ahora mismo no se me dan muy bien, que pesan, no asoman sonriendo. Porque con el paso del tiempo he necesitado geométricamente más aire y es eso lo menos que tengo, me asfixio en las dimensiones de mi silencio, que se vuelve un lastre, no puedo pasar del silencio a repintar los conjuros ya puestos en el aire. Por eso quiero irme ya del tiempo.

El tiempo.
Hay una figura loca, es un diluvio que antecede y ahoga el milímetro que quiere sobresalir… es un mito, una dificultad barroca, un lienzo bizantino, la maldición eterna. Cuánto dura esto, cuánto aquello… ¿hasta cuándo soportar?… para suicidarse siempre es tarde… esperar un minuto… se me está acabando… y mientras contemplo las llagas en el alma hechas por la razón, voy arruinando los instantes, que siguen lloviendo a pesar del mutismo o la ingravidez, a pesar del grito y los entierros. Toda su parsimonia, los ángeles, los demonios, pueden irse muy a la mierda, especialmente esos han tenido la osadía de mandarme a la mierda sin conocerme, pero más aún quienes después de conocerme han tomado ese, el camino más corto y más fácil, que les caiga una peste del gusano más agreste que hayan soñado, por perezas. 

Yo me declaro desde hoy el rey de las partidas a ninguna parte, porque todo en todas partes apesta y nunca me han gustado los malos olores, excepto los de una ofrenda de mujer. Es curiosidad, miedo, egoísmo, casi celos. Es egolatría, desesperanza. Como ese fauno sordo al que las ninfas le cantaron la canción eterna pero él no oía la canción eterna. Aureolas de humo, se llevó la lluvia, humo azul antes del beso, después de un beso intestinal que todavía crepita en alguna glándula cuando la luna se llena y pone de muerte la piel, tal como vieres en los venados pétreos del misterio rupestre. Y en esas estrellas… 

Una Estrella

Me acuerdo del poema que nunca leí de Benedetti el soso, el que ya se fue y por lo tanto queda impedido de refutar, ese poema que habla sobre una mujer desnuda y en lo oscuro. Creo que decía más o menos que una mujer así, es lo máximo. Puede que sí, pero hay otra cosa que es cierta y es que no dura mucho esa magia; cuando se corre con suerte viene una estrella y se posa en su vientre y eso sí que es lo máximo, pero la estrellita merece todo mi respeto y queda entonces al margen de mis escuetas ideas. Luego esa fantástica mujer, en cualquier momento puede convertirse, y es casi ineludible, en una arpía más, de las que más valdría perderse. 

Pero los tercos amantes de la mitología comercial bien pueden insistir en que esa ilusión fugaz es en todo caso lo máximo, como esa Antígona que aunque le dañó alguna noche a Andresito, le pudo roer lo suficiente el corazón para contribuir al raro propósito de volverlo eterno. Pero vale 3, somos sombras en tiempos perdidos...

Sombras en Tiempos Perdidos Voy a través del cristal microscópico de tu piel, celular… Ciego un completo terreno cruzar, de esquina a esquina te pierdo De e s q u i n a a e s q u i n a te pierdo Junta tu rostro mojado con el mìo Nunca me quites de ser brujo tuyo Hay amor, hazme creer que todo es verdad Hay amor, hazme brincar sobre el mar! Somos sombras en tiempos perdidos. Quiero romper el cristal que empaña mi cuerpo confuso, difuso Muerdo historias humanas que nunca han sido comprendidas Olvidadas Junta tu monstruo mordido con el mío Nunca me lleves en templos perdidos Hay amor, hazme creer que todo es verdad Hay amor, hazme brincar sobre el mar! Somos sombras En tiempos Perdidos Soooooomoooossss Soooooombras En tieeeeeeeempossss Perdiiiiiiidoossss….

sábado, 8 de febrero de 2014

¿Te acuerdas esa noche que nos fuimos por el bosque a la piscina, con porrito y vino? Yo lo recuerdo como si fuera ayer, como si esta fuera esa noche en la que me estoy imaginando que el mundo tiene sentido solo si la historia continúa y al los pocos minutos termina. Sin apenas haber comenzado... se necesita más, somos seres humanos, nos determina el exceso nena, hoy también quisiera de tu mano, de tu boca, de tu ritmo bailando sobre las mesas, ahí donde me atreva a cantar...

Hay una rata en mi habitación, ¿leíste Metamorfosis?, si la rata se convirtiera una mañana en un ser humano, cuánto horror habría en sus ojos, ¿no crees?. Nunca he sabido escribir cartas pero me gusta, siempre que lo intento se me ocurren cosas curiosas que veo llegar con asombro. Yo te besé esa noche, medio ebrio, tres kilómetros más que tu, te quedaste en silencio con cara de acontecimiento, con cara de ver ovnis, tan chusca que te ves, aquí, allá y en todas partes... Que tengas un buen viaje nena, fue un placer extraño pretender que estas cerca. ¿Cerca de qué? te preguntarás, pues de todo, de parecer nubes que se las lleva el viento...

Y regresa, no te olvides, o invítame a cualquier lugar cualquier día, ya sabes, yo te acompaño, soy un poco menos alborotado y resistente, pero tengo experiencia en andar por aquí y por allá, en revolotear detrás de la felicidad en algún inusitado momento, en esos lugares inusuales, escasos en este valle de lágrimas.... con compañías así de relucientes, ¡que dicha!, que nadie venga a las parrandas, que nadie, nadie llame, ni murmuren pendejadas sobre lo correcto o lo incorrecto, esta es una vida, la única que recordaremos hasta el último día, luego a ver qué nos toca, en qué mosco reencarnaremos nena... prendí un sándalo, es mi aroma favorito, el humo espanta a los mosquitos, pobres son tan frágiles...

A estas horas, después de un día así de fatal como hoy, no tengo mucho que decirte, excepto que deseo que no te prives nunca de algo que desees, en especial si ocurre en mi presencia, no te prives y si es posible implícame, me gusta sentir cuando ocurren las cosas extraordinarias. Cómo decirte... que sea un conjuro, que la noche lo ampare y lo lleve volando en el tiempo hasta que florezca para ofender la mediocridad ambiente y que sean radiantes las sonrisas en ese fantástico momento.

Y que tu mirada siempre revele secretos (esa me la sopló la tele, por oposición...) como esa noche en que me di cuenta de todo, mientras corríamos por cualquier calle, a media llovizna, con poca luz y sobretodo nadie alrededor. Me pregunto qué estarás haciendo ahorita (no cuando me lees sino cuando te escribo, viernes 12:49 pm) me da envidia del público y saber que no figura mi cara mal metida entre la gente, para ver esa magia que tejes hoy. Es una sensación frecuente estos días, me desconcierta y me gusta. Haz con mi ausencia lo que bien te venga en gana, que yo en la tuya sé como manejarme.

¿Crees que es posible sentir nostalgia por algo que no existió, existe o existirá? Hay ua pelicula de Tarkovzky, se llama Nostalghia, me mata esa peli, me mata la nostalgia. Creo que ya basta por ahora, despues de ti, seguiré.

Far away, so close...

Carlos.

jueves, 11 de octubre de 2012


Soñé un cocodrilo arrinconando sus lágrimas junto al río.
 Te pido en una cama tendida 
Paseo un conjuro por tu aroma dividido en la razón 
 Cambio hasta el agotamiento de la hipervidencia en la conjugación de los tonos 
 Enciendo trece versos lunares 
 Por un gemido terrenal 
Caer… 
 Brindo porque lo traigas tu 
y lo guardes
 hasta olvidarnos en el.

 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Andrés decía que la vida después de los 27 no vale la pena y murió en coherencia. Entonces a mis 26, contando con esa advertencia, procuro darle atención a las cosas que me seducen, me dejo seducir fácilmente e insisto milimétricamente en los gestos sobrepasando la reciprocidad ambiente. Como Andrés yo también amo la música, es una de esas cosas que me hacen dudar de su sentencia, la música es el vehículo de la vida, el sonido del río, una evidencia de la posibilidad de dios. En estos tiempos de maravilla total hasta hemos logrado escuchar la música que proviene de los planetas, conocidos por el hombre, que lleva el viento en el sistema solar, porque los lleva el viento, yo lo se. El viento, es todo un misterio, como la música, el viento me da mucha curiosidad, debe ser que en otra vida fui pájaro, los dibujo siempre, maté uno cuando era pequeño, un colibrí con una pistola de balínes que nunca le daré a mi hijo, para evitarle cargas extra a las de llevar este linaje. Y a las libélulas les decía libérulas. Balínes me recuerda a Balinés, de Bali, que tiene los más bellos atardeceres.



  Anoche perturbamos el viento y la calma de la música ambiental con nuestra propuesta nocturna de perder el juicio contando con herramientas varias, las guitarras, los cigarros, la voz. Esta tarde tengo resaca. Me sucede, al igual que cuando intento escribir algo sensato y coherente, que me encuentro fascinado con cada evento mundano, con cada expresión de mi cuerpo y los cuerpos y las cosas. Cómo sonarán nuestros gritos en Venus, poderoso Venus. Es este un tiempo de maravillas, es un día maravilloso y la maravilla abarca lo fatal, lo oscuro y lo repugnante, hablo en gris sobre todos los colores. Y si lo piensas es cuántico y abismal, misterioso, pero entre el punto antes de la Y y la propia Y de esta frase, pasaron 4 horas y tengo menos resaca que entonces, pero la incomodidad es la misma, sobretodo en los labios, secos, es el karma después de mojárselos tanto con Brandi y exponerlos tan insistentemente al humo de los cigarrillos, Royal esta vez, que por cierto nunca me ha gustado.



Se del amor, luego tengo permiso para ser feliz… Y es tan frágil… Todo lo es, por eso Andrés, con todo y lo prematuramente certero, se afanó tanto. “¿qué tiempo no es tiempo perdido?” leí por alguna parte y también escuche, lo dijo Alan, un escritor que lo había leído de otro escritor, que placer las evocaciones fractales, que aparentemente lo dijo Baruch Espinoza, termina el fractal, “para suicidarse siempre es tarde”. Yo abro los ojos de admiración y de temor. Me da miedo eso. Más cuando entre este paso y el próximo hay tantas leyes de por medio, tanta tradición en una tasa de café, tanta infraestructura para defecar, tantos gusanos esclavizados hasta el término de sus pequeñas vidas y brillantes como estrellas, para copar la vanidad de una mujer que busca darle más elegancia a su caminar y lo logra para quienes la ven con miradas cortas. Es abismal, es cuántico es fractal, que exista la posibilidad que esa mujer reencarne en un gusanito de esos, la muy infeliz, sumergida en el samsara como está. Y yo pensándola sin saber quién diablos es, pareciendo un gusano en esta noche fría, un gusano de buen gusto que escucha Joe Pass, envuelto en mis cobijas, que también son un misterio, casi inaccesible para mí, por el sentido en el cual se dirige mi curiosidad obtusa, en cuanto a su origen y destino.





Escobita de Paja de Arroz. Mientras escribo esto, una naditación, voy dejando en cada palabra un poco de mi hartura, mientras me deshago del malestar están esperándome otras palabras que necesito poner en otro lugar para ciertas mentes que tienen a su vez que leerlas y calificar el valor de mi mente, validar mi potencial y abrirme las puertas de el mundo del éxito, es fastidioso como esa sensación en el estomago que acompaña la resaca después de una noche de copas. Pero en ambas partes, en este y el otro, en los textos y la geografía corporal, se consolida una sola queja, que es el cansancio de la mente, tengo la mente cansada, luego tengo la vida cansada, estoy cansado de la vida porque la vida entra en ese filtro maldito, tejido con reminiscencias y deseos, tejido a pulso propio y de relojero viejo, por innumerables límites, el suplicio de comprender las cosas y tener que vivir en función de lo comprendido y a pesar de ello, la garantía absoluta de cometer errores por actuar o por dejar de hacerlo, otra cosa que leí decía que uno es ignorante cuando desconoce algo, pero se convierte en imbécil en cuanto advierte su ignorancia pero no se esfuerza por vencerla, desfigurarla y llega Einstein y dice que todo es relativo, es cuántico es genial.



  De todo esto solo me queda dar gracias, porque al fin y al cabo no queda nada, entonces gracias porque la dicha también está garantizada pero Andrés se equivocaba, la vida puede llegar a valer la pena, de una manera increíble, sospecho, aún después de los 27, y paradójicamente puede que no valga desde mucho antes. Qué camino tan dudoso el de los vivos. Es enorme, por eso necesitamos a dios que sabe de cosas grandes, para que nos distraiga y nos consuele cuando encontremos la insignificancia y el horror del misterio, para cuando vayamos a lo esencial, donde nadie puede estar, excepto el, en ese lugar increíble, que nadie conoce pero del que todos provenimos, la nada y su protagonista especial y maravilloso, que quede claro todo lo que va entre líneas, yo.

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