martes, 2 de septiembre de 2014

Hoy pasé por una calle cualquiera, no recuerdo si un día pasamos juntos por ahí pero yo si pasé, pasé hoy y te llevaba conmigo.

...y tengo esa métrica borrosa de Cabral, puedo decir hoy que no es nostalgia, es curiosidad. Una plegaria aullida para agotar la incertidumbre, poder ver, aunque sea de lejos, qué habría sido de mi, de todo esto. Lo siento porque he perdido mucho, de lo que llevaba mientras íbamos a cualquier parte, he perdido mucho, lo sé porque ya no lo tengo, te digo que lo perdí y aun perdiendo me siento más aplastado.

¿Exactamente qué?... pues, algo. Pero era algo bello, algo que me daba vida y brillo, ese par de cosas que ahora mismo no se me dan muy bien, que pesan, no asoman sonriendo. Porque con el paso del tiempo he necesitado geométricamente más aire y es eso lo menos que tengo, me asfixio en las dimensiones de mi silencio, que se vuelve un lastre, no puedo pasar del silencio a repintar los conjuros ya puestos en el aire. Por eso quiero irme ya del tiempo.

El tiempo.
Hay una figura loca, es un diluvio que antecede y ahoga el milímetro que quiere sobresalir… es un mito, una dificultad barroca, un lienzo bizantino, la maldición eterna. Cuánto dura esto, cuánto aquello… ¿hasta cuándo soportar?… para suicidarse siempre es tarde… esperar un minuto… se me está acabando… y mientras contemplo las llagas en el alma hechas por la razón, voy arruinando los instantes, que siguen lloviendo a pesar del mutismo o la ingravidez, a pesar del grito y los entierros. Toda su parsimonia, los ángeles, los demonios, pueden irse muy a la mierda, especialmente esos han tenido la osadía de mandarme a la mierda sin conocerme, pero más aún quienes después de conocerme han tomado ese, el camino más corto y más fácil, que les caiga una peste del gusano más agreste que hayan soñado, por perezas. 

Yo me declaro desde hoy el rey de las partidas a ninguna parte, porque todo en todas partes apesta y nunca me han gustado los malos olores, excepto los de una ofrenda de mujer. Es curiosidad, miedo, egoísmo, casi celos. Es egolatría, desesperanza. Como ese fauno sordo al que las ninfas le cantaron la canción eterna pero él no oía la canción eterna. Aureolas de humo, se llevó la lluvia, humo azul antes del beso, después de un beso intestinal que todavía crepita en alguna glándula cuando la luna se llena y pone de muerte la piel, tal como vieres en los venados pétreos del misterio rupestre. Y en esas estrellas… 

Una Estrella

Me acuerdo del poema que nunca leí de Benedetti el soso, el que ya se fue y por lo tanto queda impedido de refutar, ese poema que habla sobre una mujer desnuda y en lo oscuro. Creo que decía más o menos que una mujer así, es lo máximo. Puede que sí, pero hay otra cosa que es cierta y es que no dura mucho esa magia; cuando se corre con suerte viene una estrella y se posa en su vientre y eso sí que es lo máximo, pero la estrellita merece todo mi respeto y queda entonces al margen de mis escuetas ideas. Luego esa fantástica mujer, en cualquier momento puede convertirse, y es casi ineludible, en una arpía más, de las que más valdría perderse. 

Pero los tercos amantes de la mitología comercial bien pueden insistir en que esa ilusión fugaz es en todo caso lo máximo, como esa Antígona que aunque le dañó alguna noche a Andresito, le pudo roer lo suficiente el corazón para contribuir al raro propósito de volverlo eterno. Pero vale 3, somos sombras en tiempos perdidos...

Sombras en Tiempos Perdidos Voy a través del cristal microscópico de tu piel, celular… Ciego un completo terreno cruzar, de esquina a esquina te pierdo De e s q u i n a a e s q u i n a te pierdo Junta tu rostro mojado con el mìo Nunca me quites de ser brujo tuyo Hay amor, hazme creer que todo es verdad Hay amor, hazme brincar sobre el mar! Somos sombras en tiempos perdidos. Quiero romper el cristal que empaña mi cuerpo confuso, difuso Muerdo historias humanas que nunca han sido comprendidas Olvidadas Junta tu monstruo mordido con el mío Nunca me lleves en templos perdidos Hay amor, hazme creer que todo es verdad Hay amor, hazme brincar sobre el mar! Somos sombras En tiempos Perdidos Soooooomoooossss Soooooombras En tieeeeeeeempossss Perdiiiiiiidoossss….

sábado, 8 de febrero de 2014

¿Te acuerdas esa noche que nos fuimos por el bosque a la piscina, con porrito y vino? Yo lo recuerdo como si fuera ayer, como si esta fuera esa noche en la que me estoy imaginando que el mundo tiene sentido solo si la historia continúa y al los pocos minutos termina. Sin apenas haber comenzado... se necesita más, somos seres humanos, nos determina el exceso nena, hoy también quisiera de tu mano, de tu boca, de tu ritmo bailando sobre las mesas, ahí donde me atreva a cantar...

Hay una rata en mi habitación, ¿leíste Metamorfosis?, si la rata se convirtiera una mañana en un ser humano, cuánto horror habría en sus ojos, ¿no crees?. Nunca he sabido escribir cartas pero me gusta, siempre que lo intento se me ocurren cosas curiosas que veo llegar con asombro. Yo te besé esa noche, medio ebrio, tres kilómetros más que tu, te quedaste en silencio con cara de acontecimiento, con cara de ver ovnis, tan chusca que te ves, aquí, allá y en todas partes... Que tengas un buen viaje nena, fue un placer extraño pretender que estas cerca. ¿Cerca de qué? te preguntarás, pues de todo, de parecer nubes que se las lleva el viento...

Y regresa, no te olvides, o invítame a cualquier lugar cualquier día, ya sabes, yo te acompaño, soy un poco menos alborotado y resistente, pero tengo experiencia en andar por aquí y por allá, en revolotear detrás de la felicidad en algún inusitado momento, en esos lugares inusuales, escasos en este valle de lágrimas.... con compañías así de relucientes, ¡que dicha!, que nadie venga a las parrandas, que nadie, nadie llame, ni murmuren pendejadas sobre lo correcto o lo incorrecto, esta es una vida, la única que recordaremos hasta el último día, luego a ver qué nos toca, en qué mosco reencarnaremos nena... prendí un sándalo, es mi aroma favorito, el humo espanta a los mosquitos, pobres son tan frágiles...

A estas horas, después de un día así de fatal como hoy, no tengo mucho que decirte, excepto que deseo que no te prives nunca de algo que desees, en especial si ocurre en mi presencia, no te prives y si es posible implícame, me gusta sentir cuando ocurren las cosas extraordinarias. Cómo decirte... que sea un conjuro, que la noche lo ampare y lo lleve volando en el tiempo hasta que florezca para ofender la mediocridad ambiente y que sean radiantes las sonrisas en ese fantástico momento.

Y que tu mirada siempre revele secretos (esa me la sopló la tele, por oposición...) como esa noche en que me di cuenta de todo, mientras corríamos por cualquier calle, a media llovizna, con poca luz y sobretodo nadie alrededor. Me pregunto qué estarás haciendo ahorita (no cuando me lees sino cuando te escribo, viernes 12:49 pm) me da envidia del público y saber que no figura mi cara mal metida entre la gente, para ver esa magia que tejes hoy. Es una sensación frecuente estos días, me desconcierta y me gusta. Haz con mi ausencia lo que bien te venga en gana, que yo en la tuya sé como manejarme.

¿Crees que es posible sentir nostalgia por algo que no existió, existe o existirá? Hay ua pelicula de Tarkovzky, se llama Nostalghia, me mata esa peli, me mata la nostalgia. Creo que ya basta por ahora, despues de ti, seguiré.

Far away, so close...

Carlos.

jueves, 11 de octubre de 2012


Soñé un cocodrilo arrinconando sus lágrimas junto al río.
 Te pido en una cama tendida 
Paseo un conjuro por tu aroma dividido en la razón 
 Cambio hasta el agotamiento de la hipervidencia en la conjugación de los tonos 
 Enciendo trece versos lunares 
 Por un gemido terrenal 
Caer… 
 Brindo porque lo traigas tu 
y lo guardes
 hasta olvidarnos en el.

 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Andrés decía que la vida después de los 27 no vale la pena y murió en coherencia. Entonces a mis 26, contando con esa advertencia, procuro darle atención a las cosas que me seducen, me dejo seducir fácilmente e insisto milimétricamente en los gestos sobrepasando la reciprocidad ambiente. Como Andrés yo también amo la música, es una de esas cosas que me hacen dudar de su sentencia, la música es el vehículo de la vida, el sonido del río, una evidencia de la posibilidad de dios. En estos tiempos de maravilla total hasta hemos logrado escuchar la música que proviene de los planetas, conocidos por el hombre, que lleva el viento en el sistema solar, porque los lleva el viento, yo lo se. El viento, es todo un misterio, como la música, el viento me da mucha curiosidad, debe ser que en otra vida fui pájaro, los dibujo siempre, maté uno cuando era pequeño, un colibrí con una pistola de balínes que nunca le daré a mi hijo, para evitarle cargas extra a las de llevar este linaje. Y a las libélulas les decía libérulas. Balínes me recuerda a Balinés, de Bali, que tiene los más bellos atardeceres.



  Anoche perturbamos el viento y la calma de la música ambiental con nuestra propuesta nocturna de perder el juicio contando con herramientas varias, las guitarras, los cigarros, la voz. Esta tarde tengo resaca. Me sucede, al igual que cuando intento escribir algo sensato y coherente, que me encuentro fascinado con cada evento mundano, con cada expresión de mi cuerpo y los cuerpos y las cosas. Cómo sonarán nuestros gritos en Venus, poderoso Venus. Es este un tiempo de maravillas, es un día maravilloso y la maravilla abarca lo fatal, lo oscuro y lo repugnante, hablo en gris sobre todos los colores. Y si lo piensas es cuántico y abismal, misterioso, pero entre el punto antes de la Y y la propia Y de esta frase, pasaron 4 horas y tengo menos resaca que entonces, pero la incomodidad es la misma, sobretodo en los labios, secos, es el karma después de mojárselos tanto con Brandi y exponerlos tan insistentemente al humo de los cigarrillos, Royal esta vez, que por cierto nunca me ha gustado.



Se del amor, luego tengo permiso para ser feliz… Y es tan frágil… Todo lo es, por eso Andrés, con todo y lo prematuramente certero, se afanó tanto. “¿qué tiempo no es tiempo perdido?” leí por alguna parte y también escuche, lo dijo Alan, un escritor que lo había leído de otro escritor, que placer las evocaciones fractales, que aparentemente lo dijo Baruch Espinoza, termina el fractal, “para suicidarse siempre es tarde”. Yo abro los ojos de admiración y de temor. Me da miedo eso. Más cuando entre este paso y el próximo hay tantas leyes de por medio, tanta tradición en una tasa de café, tanta infraestructura para defecar, tantos gusanos esclavizados hasta el término de sus pequeñas vidas y brillantes como estrellas, para copar la vanidad de una mujer que busca darle más elegancia a su caminar y lo logra para quienes la ven con miradas cortas. Es abismal, es cuántico es fractal, que exista la posibilidad que esa mujer reencarne en un gusanito de esos, la muy infeliz, sumergida en el samsara como está. Y yo pensándola sin saber quién diablos es, pareciendo un gusano en esta noche fría, un gusano de buen gusto que escucha Joe Pass, envuelto en mis cobijas, que también son un misterio, casi inaccesible para mí, por el sentido en el cual se dirige mi curiosidad obtusa, en cuanto a su origen y destino.





Escobita de Paja de Arroz. Mientras escribo esto, una naditación, voy dejando en cada palabra un poco de mi hartura, mientras me deshago del malestar están esperándome otras palabras que necesito poner en otro lugar para ciertas mentes que tienen a su vez que leerlas y calificar el valor de mi mente, validar mi potencial y abrirme las puertas de el mundo del éxito, es fastidioso como esa sensación en el estomago que acompaña la resaca después de una noche de copas. Pero en ambas partes, en este y el otro, en los textos y la geografía corporal, se consolida una sola queja, que es el cansancio de la mente, tengo la mente cansada, luego tengo la vida cansada, estoy cansado de la vida porque la vida entra en ese filtro maldito, tejido con reminiscencias y deseos, tejido a pulso propio y de relojero viejo, por innumerables límites, el suplicio de comprender las cosas y tener que vivir en función de lo comprendido y a pesar de ello, la garantía absoluta de cometer errores por actuar o por dejar de hacerlo, otra cosa que leí decía que uno es ignorante cuando desconoce algo, pero se convierte en imbécil en cuanto advierte su ignorancia pero no se esfuerza por vencerla, desfigurarla y llega Einstein y dice que todo es relativo, es cuántico es genial.



  De todo esto solo me queda dar gracias, porque al fin y al cabo no queda nada, entonces gracias porque la dicha también está garantizada pero Andrés se equivocaba, la vida puede llegar a valer la pena, de una manera increíble, sospecho, aún después de los 27, y paradójicamente puede que no valga desde mucho antes. Qué camino tan dudoso el de los vivos. Es enorme, por eso necesitamos a dios que sabe de cosas grandes, para que nos distraiga y nos consuele cuando encontremos la insignificancia y el horror del misterio, para cuando vayamos a lo esencial, donde nadie puede estar, excepto el, en ese lugar increíble, que nadie conoce pero del que todos provenimos, la nada y su protagonista especial y maravilloso, que quede claro todo lo que va entre líneas, yo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Una Trampa en Marte



Después corrí porque así me correspondía por ley y desde entonces no he parado de correr, de un lado a otro, en circulos, hacia arriba y abajo, no tengo tiempo ya de mentir, no tengo, tiempo dementir. Ya no tengo tiempo, no digo que, hago, siento, callo, ordeno mientras paseo fugaz, ordeno lo que me espera, conjuro, evoco, transformo, huyo y regreso y continúo huyendo, veo a la distancia y voy al encuentro, me temo que hay un caos irremediable que me mantiene en equilibrio mientras corro. Digo hola y ya me he ido, ya no estoy pero mira he vuelto, no te haré falsas promesas llevame contigo o ven a correr junto a mi, no me detendré, rondaré incesante tu esquina y siempre regresaré a la calle donde el perro es rey y me ataca pero nunca me atrapa, y tu dices que es otra cosa, que tiene otra intención, que soy cobarde, es todo, el perro guardián que acompaña las almas al inframundo, la estrella que abre la puerta de las estrellas, mi cuerpo es. Dónde estás, mientras pienso en ti quieta te siento alejarte, parece que corres más rápido que yo, te vas y te dejo ir y tal vez voy a tu encuentro y la posibilidad me alienta y a la vez me detiene, ¿qué infierno es este? El tiempo se esconde bajo mi mirada, el espacio lo deshago torpemente con mi cuerpo la vida se escurre en mi memoria, a cada instante... y la memoria se va como se va la vida.

jueves, 27 de octubre de 2011

Carta para mi y mis semejantes.


-                          
               - Quiero hacerte el amor
-                 - ¿pero cómo vas a hacerme el amor si no me amas?

     Una pausa en un momento que no merece pausas, la cumbre de la pausa, el punto de quiebre, el centro dramático. Hay silencio de muerto en un segundo porque no se dice ese tipo de cosas mientras se fluye, no se dice nada en general si se fluye.  Después de dejarte sigo pensando en el sentido de ese breve diálogo desesperado y creo que es correcto procurar dejarlo claro; (al menos desde mi perspectiva) se puede hacer el amor con alguien que no se ama en el sentido formal del amor -el amor romántico de la pareja perfecta- sin los pretextos y pretensiones de un par que ha logrado un cierto equilibrio temporal en el cual dice comprenderse, compartir la vibración, el aura, el espíritu,  esa breve  idea del amor eterno.  Una feliz pareja  occidental, no.  

     Pienso y siento otra cosa, del amor y de la vida...
     
      Por ejemplo:  Se puede hacer el amor con alguien que se ha conocido apenas hace unas horas… hacer el amor es una manera de amarse que no tiene que ver con conocerse y apegarse, en ese sentido tener sexo es una expresión burda que no alcanza a describir la belleza del acto amoroso, no se trata de lo mismo. Tener sexo es algo que se puede hacer en soledad y con la brevedad del colibrí que ha libado esta flor y va por la siguiente. Las hormonas, el código genético, ¿te has fijado que además de mi cuerpo hay un espíritu, un loco, una voz? Detente en ellos también. Hacer el amor es un compromiso ético y estético con el cuerpo y el placer,  la belleza, con el éxtasis, la vida y la muerte, no puede pasar por el simple hecho de la penetración o la eyaculación, implica un diálogo profundo de los sentidos puestos en su máximo nivel de atención, toda la energía explosivamente dedicada a la sutileza y una progresión de pulsos que solo pueden darse bajo el principio de la reciprocidad, la armonía y ¡la paz!,  hacer el amor puede ser un encuentro mágico entre desconocidos, así como se puede tener sexo con alguien que se conoce desde hace ya muchos años, se puede tener sexo con alguien que se ama aunque este sea ciertamente un acto despreciable, un desperdicio, un síntoma.

Hacer el amor no es estrictamente un acto sexual o no tiene implicaciones sexuales, pero si tiene sensualidad, se puede hacer el amor con una conversación dulce o en contextos decididamente románticos, se puede hacer el amor secretamente en conjuros silenciosos y a la distancia, así como se puede amar lo imposible. Tener sexo sin embargo tiene un carácter soso y deprimente, es una búsqueda característica de las gentes de peor gusto, gentes burdas sin el menor sentido de la sutileza y la dignidad de los cuerpos. Se puede hacer el amor al agua, al fuego, al cielo, fuerzas que en principio no guardan ningún nivel de confianza y respeto hacia el amante y con las cuales el sexo es una absoluta utopía. Existen testimonios en la historia, recuerda a Walt Whitman, a Jim Morrison o a Buda. No puedo decir que soy ellos, pero siento que ardemos en la misma hoguera, la hoguera que desprecias por el miedo que han sembrado en tu vida y que además orienta gran parte de tus actos, el miedo que te mantiene en conflicto con todas tus decisiones, el miedo que te ha negado la posibilidad de hacer el amor con el cosmos atándote al mundo de la razón instrumental y al cual le has dado el poder.

No temas, en muchos sentidos estás en “lo correcto” aunque eso, no signifique necesariamente que serás feliz o que alguien a tu alrededor lo sea. Pero si, finalmente debe quedar claro que cuando digo “quiero hacerte el amor” te propongo que me hagas el tuyo, que nos pongamos de acuerdo en sentir la vida, todo nuestro poder y nuestra fragilidad, que disfrutemos la oportunidad, el regalo del presente, de tus aromas y los míos, de nuestra perfección y nuestras repulsiones, lo demás son costumbres de libre adherencia, a las cuales me rehuso.


Imagen: Untitled by Joep Hommerson, @ http://beinart.org/artists/joep-hommerson/gallery/paintings/#



Editorial Fantasma: Memorial de un canto en primavera.


Quedó atras el campo. Narrar la historia sobre un viaje siempre es como describir una lágrima, se anuncia y se evoca pero nuca se prueba la sal, nunca el brillo y el alma. Entonces uno siempre está perdido en el limbo que a veces puede leerse como el paraiso, sin llegar a un suspiro de la inmensidad de cada segundo.

Orfeo viajó al inframundo para traer de regreso a su amada, la música fue su fuerza, el silencio su trampa y la sombra su derrota, que canciones tristes debió cantar para conmover la tradición de lo insondable, ¿qué habría hecho Orfeo si en lugar del inframundo su bienamada Eurídice hubiese caido en el eterno resplandor? cómo caminar desde la tierra al paraiso, cómo conmover a la absoluta sobervia de los cielos, qué música podría vencer la poderosa ambientación del supremo misterio? cantaría Let it Be?

Las naditaciones son invitaciones a perderse de la desesperanza que recorre las ciudades y los campos, la angustia de los claustrofóbicos y las agorafóbicas, la gentileza del hermetismo y el absurdo modelaje cotidiano, vale la pena escurrirse del tiempo y la razón, vivir en la vacuidad de un momento que va a ninguna parte, nadite y seremos dos, una fuerza considerable si se tiene en cuenta que tres son multitud.

Entonces yo vengo del paraiso donde antes de salir, justo a un segundo de comenzar la inevitable caída, la mujer exclamó mi nombre y el expulsado he sido yo y la música ha caido conmigo. Orfeo se rie de mi. La musa me mira inocentemente y me espera, entonces tendré que vivir en la luz cuando he presentido tender a la sombra, temo por nosotros, por mí. ¿A dónde iré? Anhelo...

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