El viento de afuera hace que me sienta seguro estando aquí, mi cuerpo tiene frío pero lo pienso como una situación que caprichosamente puedo dejar. Sin embargo hay otros asuntos que me habitan como un viento de los últimos del verano, son flujos ininterrumpidos que limitan con la quietud. Me hace falta decirle muchas cosas que tal vez nunca sepa, que probablemente no le importen y que no cambiarán nada. Pero me hace falta decirle y voy a empezar.
De vez en cuando llega usted a mí como un dolor de nuca, como un grito en medio de un salón desolado. Pero la quiero. -Y- la quiero.
Quiero que sepa que como yo entiendo las cosas, lo único malo que hice con usted o en su contra, fue encontrarla una noche triste
y ver en su tristeza y la mía un par de gatos
y en la calle un techo
y en el techo la luna
y en el licor la noche
y en la noche su sonrisa
y en su sonrisa abrigo
y en la nada este recuerdo.
La quise, y la quiero. Esa es una evidencia torpe de su existencia y es también un recuerdo de mi existencia torpe, de esos momentos torpes que siempre son tristes.
No le hice daño. Nunca supe, nunca quise.
No le hice bien.
Pero la recuerdo en las comisuras de algunos días, en las curvas del tiempo, en las inflexiones del sol y las nubes -que la dibujan a veces-, la tengo fresca a usted y su miedo, a sus labios de secretos frágiles, al cielo púrpura que la cubre mientras despeina mi cabeza en uno de mis recuerdos inéditos, que espero me acompañe como Eurídise a Orfeo antes de llegar a la puerta, cuando haya que cambiar de infierno.
La recuerdo y la siento como un sueño del que me despertaron abruptamente, sin mi consentimiento y sin ninguna posibilidad efectiva de volver y tomarle la mano para imaginar cualquier cosa bonita en un lugar podrido, rodeados de cuanta barbaridad respira la gente y con las tristezas reptando para alcanzarnos, y que nada importe.
Se que es feliz.
Yo de mi vida no tengo quejas, me es dulce cada momento aunque no sepa interpretar cada signo, cada golpe. Camino y creo, habito la noche con amor, el día, el frío, el cielo, la acaricio siempre, le dedico algunos de mis mejores episodios -a veces- como a otras tantas personas. Fabrico nuevos techos, lunas, bebo, me abrigo en otros lugares y socializo con gatas en común, este es un techo corto. Y desde esta teja veo la luna y tengo frío y necesito decirle algo. No me culpe.
¿Que hacía Bob Dylan paseando por un pueblecito de Nueva Jersey? ¿Y por qué le detuvo la policía? Un joven oficial de 24 años arrestó hace 15 días en un barrio de Long Branch, Nueva Jersey, a la leyenda del rock Bob Dylan. Como si se tratara de la letra de una de sus canciones, el legendario músico se encontraba dando un paseo solitario bajo la lluvia por las calles de la localidad costera de Long Branch cuando la policía le detuvo.
Al parecer, por "pasear sin rumbo definido", publica el diario The Daily Mail. La apariencia del cantante alertó a los vecinos, que lo describieron como "un viejo desaliñado y sin afeitar". El cantante explicó a las autoridades que estaba dando una caminata y mirando casas que estuviesen a la venta. Dylan estaba cerca del edificio en el que el artista Bruce Springsteen compusó el material para su álbum Born to Run (1975), por lo que se especula que estaba buscando el edificio. En un principio, el policía Kristie Buble no reconoció a Dylan. "He visto fotos de Bob Dylan, pero la persona a la que detuve no se parecía en nada a él. Por eso le pregunté su nombre", afirma el oficial. En el pasado Dylan fue sorprendido cuando visitaba las casas donde pasaron su niñez el beatle John Lennon y Neil Young.
Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se sienta necesariamente a una mesa quitada en una terraza, de noche, a la orilla del mar. La desesperación es y no es el retorno de una serie de pequeños hechos como semillas que al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una piedra o el vaso de beber. Es un barco plagado de nieve, si queréis, como los pájaros que mueren y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña, delimitada por joyas de pelo. Es la desesperación. Un collar de perlas para el que no se sabría encontrar broche y cuya existencia no pende siquiera de un hilo, eso es la desesperación. Del resto nohablemos. Acabaríamos por desesperarnos si comenzáramos. Yo desespero del tragaluz hacia las cuatro, desespero del abanico hacia las doce, desespero del cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano permanece siempre ante la desesperación jadeando, ante la desesperación que los espejos jamás nos dicen si ha muerto. Vivo de esa desesperación que me encanta. Me gusta esa mosca azul que vuela por el cielo a la hora en que las estrellas canturrean. Conozco a grandes rasgos la desesperaci6n de los largos y frágiles asombros, la desesperaci6n de la soberbia, la desesperación de la ira. Me levanto todos los días como todo el mundo y extiendo los brazos sobre un papel de flores, no me acuerdo de nada, y siempre descubro con desesperaci6n los bellos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitaci6n es bello como unas baquetas de tambor. Forma un tiempo de tiempo. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento que me ayuda. ¡Se tendrá idea de semejante desesperación! ¡Fuego! Ah, vendrán otra vez... ¡Socorro! Helos ahí cayendo por la escalera... Y los anuncios de periódico, los letreros luminosos a lo largo del canal. A grandes rasgos la desesperación carece de importancia. Es un incordio de estrellas que de nuevo va a formar un día de menos, es un incordio de días de menos que de nuevo va a formar mi vida.
Esa carne que ya no se tocará en la vida, esa lengua que ya no logrará abandonar su corteza, esa voz que ya no pasará por las rutas del sonido, esa mano que ha olvidado hasta el ademán de tomar, que ya no logra determinar el espacio en el que ha de realizar su aprehensión, ese cerebro en fin cuya capacidad de concebir ya no se determina por sus surcos, todo eso que constituye mi momia de carne fresca da a dios una idea del vacío en que la compulsión de haber nacido me ha colocado.
Ni mi vida es completa ni mi muerte ha fracasad0 completamente. Físicamente no existo, por mi carne destrozada, incompleta, que ya no alcanza a nutrir mi pensamiento.
Espiritualmente me destruyo a mí mismo, ya no me acepto como vivo. Mi sensibilidad está a ras del suelo, y poco falta para que salgan gusanos, la gusanera de las construcciones abandonadas.
Pero esa muerte es mucho más refinada, esa muerte multiplicada de mí mismo reside en una especie de rarefacción de mi carne. La inteligencia ya no tiene sangre. El calamar de las pesadillas da toda su tinta, la que obstruye las salidas del espíritu; es una sangre que ha perdido hasta sus venas, una carne que ignora el filo del cuchillo.
Pero de arriba a abajo de esta carne agrietada, de esta carne no compacta, circula siempre el fuego virtual. Una lucidez enciende de hora en hora sus ascuas que retornan a la vida y sus flores.
Todo lo que tiene un nombre bajo la bóveda compacta del cielo, todo lo que tiene un frente, lo que es el nudo de un soplo y la cuerda de un estremecimiento, todo eso pasa en las rotaciones de ese fuego en el que se asemejan las olas de la carne misma, de esa carne dura y blanda que un día crece como un diluvio de sangre.
La habéis visto a la momia fijada en la intersección de los fenómenos, esa ignorante, esa momia viviente que lo ignora todo de las fronteras de su vacío, que se espanta de las pulsaciones de su muerte.
La momia voluntaria se halla levantada, y a su alrededor se agita toda realidad. La conciencia como una tea de discordia, recorre el campo entero de su virtualidad obligada.
Hay en esa momia una pérdida de carne, hay en el sombrío lenguaje de su carne intelectual toda una impotencia para conjurar esa carne. Ese sentido que recorre las venas de esa carne mística, en la que cada sobresalto es un modo de mundo y otra especie de engendrar, se pierde y se devora a sí misma en la quemadura de una nada errónea.
¡Ah! ser el padre nutricio de esa sospecha, el multiplicador de ese engendrar y de ese mundo en su devenir, en sus consecuencias de flor.
Pero toda esa carne es sólo comienzos y ausencias y ausencias y ausencia...
Si alguien te pregunta qué pasó a los 23… Si fuera vos… Va, a los 23 todo es un desorden; Mareo Maestro dice que es cuando la vida empieza, la vida real. Yo siento que es como si nada, solo que uno se vuelve más pragmático y egoísta que antes (por magias adversas)… Hasta ahora voy descubriendo que después de tanto perder-me voy resumiendo un poco aquello que me delinea: conozco objetivamente mis influencias en arte digamos, me sueño en Balí, le creo a Bretón, me dirijo a Buda, a Cristo y Lucifer con el mismo respeto, maldigo con la misma furia lo que amo y odio, dudo de lo que creía hace unos minutos, iré a Paris, quise suicidarme –como todos-, odio a Odio a Botero, suspiro con las tardes naranja sobre ese volcán de clichés… soy un dibujo y todos los días me matan.
Todos los días pierdo, pero como dijo Maturana (odio el futbol de una vez y para siempre) “Perder es ganar un poco”… Es como una borrachera: furor, pobreza, nauseas, vomito, fiebre, tristeza, incertidumbre, lagrimas, promesas, risa, paganerías (¿?), jaqueca…
Digamos que un hombre a mitad de tu vida debería conocer a León de Greiff, a Spinetta, a Camilla la bonita de la ciudad, un poco el amor... todo con proceso, es decir, con conjuros, desde la nada… Debió conocer alguna variedad no muy amplia de drogas, debió criar un gato o al menos contemplarlo desde una distancia prudente –diez/quince centímetros- debió llorar sinceramente en silencio y en soledad, debió tener una piedra Zen traída de un viaje no muy exiguo, debió fabricar un blues, al menos en experiencia, debió olvidar al menos el 30% de su vida pasada, al menos lo que odiaba estúpidamente, o a la primera profe de la que se enamoró, digo yo, no se… Todo eso hermano Yo, Yo he vivido cosas parecidas a eso que escribo sin mucha justicia, quizás alardeando…
A los 23 se teme alguna enfermedad latente, de largo aliento, comercial, terrorista y con agudeza para la vejez…
La compañía de una mujer soñada pasa a segundo plano, no porque se valore menos, sino porque ya no es urgente, hay paciencia, no así para ser viejo o niño en el mejor de los casos, apacible de cualquier forma. Al menos en este segundo hay. Dudo mucho que en tu lugar y tiempo creas estas barbaridades de vagabundo desorientado. Seras apacible espero.
Se debió soñar lejos y frustrarse adentro, despertar, se debe despertar mucho sin querer a veces, porque es mejor soñar siempre, a esta edad todavía se puede soñar aunque cueste un poco más que antes. Eso sonará raro porque este es otro antes, tu estas después, para ambos es ahora, bueno en fin!… A los 23 hay que arrepentirse mucho pero sin tanta fuerza, sólo como burla pequeña, para no caer en eso que te hace un payaso para ti mismo, hay que pensar en qué pasará a los 46, ¿Qué pasa?... Uno deja de creer que en algún momento se parece o pareció o es una reencarnación de alguna apariencia, empieza a presenciar al estilo Fernando Gonzáles, que dicha…
A mis 23 años he perdido millones de pesos ajenos, algunos dientes, bellas mujeres, la cordura, la voz, un poco de entusiasmo, miedo…. También conozco la guerra, la detesto, le hago la guerra con artimañas limpias y débiles por limpias, tengo conciencia ambiental de mediana trascendencia, un grado de incoherencia casi adolescente, amo el chocolate, el sexo, el amor, pretendo mujeres complicadas, sin mucho empeño, me gano problemas fácil, casi con respirar, me peino mi cabello grueso que se cae como mis ganas de levantarme mañana… mañana que tengo que ir al odontólogo, aunque es rockero el tipo y siempre es bueno encontrar a alguien rockero en una situación de tal adversidad…
A los 23 se es ridículo, la duda supera cualquier certeza, seguramente por eso Mario cree que a los 23 empieza la vida, porque es una edad de calamidades que brotan como un mantra, esto es un infiernito, un peladero de malas prácticas, una oportunidad para crecer, un momento que se suspende…